lunes, 15 de julio de 2013

Árbol de las Manitas


EL PATITO FEO                               Publicado en Cambio del Estado de México, No 97 pag. 32




Alejandro Casona dijo que los árboles mueren de pie. En este valle del altiplano mexicano los árboles urbanos nunca acaban de morir, viven una agonía crónica y su aspecto es lastimero. A nadie le importan. Nadie los planta. Nadie los protege con tutores. Nadie los sustituye cuando se hacen viejos, nadie los tiene inventariados. Pero eso sí, todos les meten mano: los desmochan por el placer de capar, los podan en primavera para hacerles más daño que beneficio, los pintan de blanco para que parezcan postes, les cubren las raíces con cemento y a algunos los recortan en forma de paleta infantil.

En la era del medio ambiente nuestros árboles urbanos agonizan.

Preguntémonos entonces cuál es la raíz del problema. ¿Hay alguna instancia a cargo? Veamos. El arbolado de las calles está al cuidado municipal; el de  las avenidas estatales a cargo de la Junta de Caminos y algunas grandes autopistas son federales. Cada municipio en este Estado cuenta con al menos un vivero Municipal pero ¿quién se ocupa del arbolado urbano? ¿Quién debe plantar nuevos ejemplares donde alguno no prosperó o fue agredido? ¿Quién debe retirar los troncos de árboles muertos que siguen en pie como cadáveres zombies? ¿Quién selecciona la especie y quién la reproduce?

Quise comprar cinco Árboles de las Manitas. No los conseguí, no existen más. Nadie los comercializa ni los reproduce. Ni siquiera la Facultad de Ciencias Agrícolas. El equipo que lo hacía ya no está interesado en el tema, tampoco ha hecho escuela al no preparar personal interesado en hacerlo ni ha publicado el ABC de la técnica de reproducción. Los últimos ejemplares salidos de la institución universitaria fueron destinados al H. Ayuntamiento de Toluca y plantados en el andador Constitución del centro de Toluca y, a cinco años, el único y espléndido árbol que ahora sobrevive ha sido desmochado, lo que desvirtuará su estructura leñosa y desdibujará su estampa, amén de retardar su florecimiento.

El Árbol de las Manitas estudiado hace 200 años por el barón von Humboldt en Toluca, podría ser un regio árbol urbano: es de hoja ancha, caducifolio, esbelto y de sombra generosa. Pero hay muchos otros más: fresnos, sicomoros, magnolias, sauces, liquidambars, álamos, ailes, truenos, capulines, colorines, encinos y un largo etcétera. Con cualquiera de ellos se podría forestar el derecho de vía del Paseo Tollocan, que es invadido día con día igual que el Paseo Matlatzincas.  Con cualquiera de ellos se podría dar unidad al caótico paisaje urbano tapizado de anuncios comerciales. Los árboles plantados con orden, apareados a cada lado de una calzada, transforman la pobreza en digna avenida, cubren la fealdad con belleza y la aridez se vuelve verdor alegre y sano.

Plantar consistentemente, rítmicamente nuestros árboles es una forma sana de hacer ciudad. El primer valor añadido es el incremento del precio de la tierra, el paisaje arbolado siempre es mejor cotizado que el encementado, como encementado está el entorno donde se asienta la Junta de Caminos, allá donde las banquetas no tienen cajetes para los árboles, donde la desolación la sopla el viento en la cara de la delegación Santa Cruz Aztcapotzaltongo, camino castigado por el dios Ehécatl que conduce nada menos que al eterno sitio arqueológico de Calixtlahuaca.

He preguntado y no he obtenido respuesta: ¿quién se ocupa del arbolado urbano? ¿Cómo se llama el arborista certificado encargado de la plantación y del mantenimiento del arbolado de vías de acceso y avenidas de este valle? ¿Son nuestros árboles urbanos el patito feo de la ciudad?  Llegaron las lluvias, no perdamos el año entero sin plantar en los camellones y en las banquetas. ¿Y el árbol de las Manitas?...

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