miércoles, 12 de marzo de 2014

LOS PAISAJES MEXIQUENSES

A propósito de Nishisawa, Obama y Toluca

publicado en CAMBIO # 105, febrero 2014

Variedad de paisajes naturales como de paisajes culturales, el Estado de México es pedacito de Patria surrealista. Sin ser cuatro veces heroica, hoy su capital Toluca, recibe al presidente de los Estados Unidos. Su paisaje urbano luce limpio de grafitis, sus árboles lucen desnudos de follaje ante el afán de limpieza de sus inexpertos jardineros. Sus cerros pelones lucen repletos de viviendas improvisadas. Las calles oscuras, inseguras y tristes recibirán a Obama por un ratito… “y luego bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta”.

Nos quedan sin embargo, después de esta puesta en escena, los paisajes pintados por Luis Nishisawa quien con 96 años aún practica el amor por esta tierra en sus obras. Sus altiplanos, sus volcanes y su serenidad son la fusión del alma oriental con la mexicana. Su obra acaba de ser compilada en un magnífico libro editado por el Consejo Mexiquense de Cultura y fue presentado en el Centro Cultural Mexiquense que es un magnífico escenario. Desde la explanada y la fuente de rocas creada por el maestro Nishisawa, en el ombligo del centro cultural, se contempla el Nevado y se vibra con el sol del altiplano.

En esta tierra surrealista, los árboles han sido absurdamente pintados de blanco en honor de Obama. ¿Qué pasará luego con tanta cal o pintura blanca que maltrata los árboles y que alcaliniza la tierra? ¿Por qué tanto esfuerzo por maltratar el paisaje? ¿Quién es el piloto? ¿A dónde vamos? Quizás a seguir plantando carteles espectaculares, quizás a tender puentes entre dos yermos destinos, quizás a pavimentar los humedales, quizás a crear una identidad de aridez lavable con cloro.

Y el paisaje humano del Estado de México es un caleidoscopio donde conviven creadores y destructores. El paisaje humano nos hace rodar a todos los que, en medio de ambos extremos,  nos ganamos la vida en un semáforo, en un antro, en un puesto, en un escritorio, en un andamio o en un laboratorio. Rodamos en el cilindro del caleidoscopio, donde convivimos, melenudos o enmascarados, todos y cada uno de los 15 millones de mexiquenses.

Cabemos todos, pero con oportunidades de acción abismalmente distantes. Somos un continente de inequidad, de distancias insalvables entre analfabetas y doctorados, entre quienes nacen  en cuna de holanes o abajo de un puente mugroso. Cabemos todos, incluso Obama.

1 comentario: