martes, 29 de enero de 2013

Puente de Lerma

publicado en CAMBIO del Estado de México No 92, enero 2013
 
El puente del siglo XVII que cruza el río Lerma se atribuye al fraile carmelita Andrés de San Miguel. Fue construido en piedra y se compone de tres arcos, tan bien hechos que aún están en pie a pesar de soportar cargas muy superiores a las que lo cruzaban entonces. Ha dado un servicio ininterrumpido a lo largo de 360 años como parte del Camino Real que comunicaba la ciudad de México con Toluca. Al pasar por él observamos un par de hornacinas que le confieren personalidad y dignidad tanto a la obra civil como al río que salva. Su elegante perfil es inconfundible.

El pueblo de Lerma era una isleta en el siglo XVII, al igual que San Pedro Tultepec y la comunicación entre ellos y los demás pueblos ribereños de la laguna se hacía sobre  trajineras como se observa en las fotos antiguas.



En la actualidad el río ya no serpentea, es recto, carece de árboles en las orillas y el nivel de sus aguas, como se aprecia en las fotos contemporáneas, está mucho más alto que antes. Este hecho se deriva de la alteración topográfica del sitio. Río y lagunas han dejado de ser una unidad y están incomunicados  debido a los terraplenes elevados y compactados de las márgenes. La temporada de lluvia anega los campos y el agua se estanca, sin regresar al cauce. Todo se pudre y huele mal.  Las tierras inundables, las antiguas lagunas, han sido ocupadas por empresas y particulares y la carretera Lerma-Tenango se ha montado sobre el terraplén.

 
El puente histórico corre peligro. Para evaluar los daños que ha sufrido a lo largo de su vida útil, es necesario darle tregua y para eso se debería desviar el tráfico por algún otro puente. ¿Cómo conservarlo? y ¿cómo convivir con el pasado desde un presente de agresiva industrialización que no respeta el paisaje como parte del patrimonio? Despojos de esa industrialización agresiva son el río Lerma y su antiguo puente carmelita. El río más largo de México nace muerto en Almoloya del Río, reducido a un solo manantial de los nueve que le daban nombre y origen. El Chignahuapan era un cuerpo de aguas someras  que se hacía grandote y se hacía chiquito recurrentemente: se convertía en una gran laguna durante la época de lluvias y se reducía a tres cuerpos en época de estiaje.


Pero la vuelta al pasado es imposible. La intervención desaseada sobre el territorio y el enredo de intereses y torpezas ambientales impiden la conservación del puente antiguo. A diferencia de Europa que exhibe  sus puentes romanos de 2,000 años de antigüedad, sobre ríos de agua limpia, nosotros convertimos el río Lerma en un canal, sus lagunas en un pudridero y el puente en un dique de basura.

Propuesta de Salvamento


Aventuro mi propuesta,  porque malo será que el puente sea demolido, para que aparezca en su lugar otro cualquiera y que los despojos de sus piedras labradas acaben en cascajo. Para que su conservación y su vida útil vayan de la mano propongo  elevar sus pilas al menos un metro y medio,  entre el lecho del río y el arranque de los arcos. Así la calzada se alzará completa sobre las márgenes elevadas del río y la figura original del puente podrá conservarse mientras que su estructura dejará de ser un impedimento para que corra el agua de río. La tarea es compleja, requiere una gran obra de soporte temporal, gatos que vayan elevando la estructura entera de a poco hacia arriba hasta el nivel deseado y por último la restauración de sus piezas afectadas y la limpieza del conjunto.  La idea es que el puente de Lerma vuelva a dar servicio en el mismo sitio donde se encuentra hoy.

Ahora bien, de no ser posible esta empresa, será vital hacer un puente nuevo. Pero un puente contemporáneo de gran nivel, que incluya un andador peatonal desde donde se pueda contemplar a pie el río en forma segura. Un puente que sea una pieza de regocijo estético y de orgullo tecnológico. Un puente de lujo, para lo cual deberá abrirse a concurso para que gane el que equivalga en calidad y estética a este maravilloso puente que Fray Andrés de San Miguel construyó donde alguna vez estuvo el puente levadizo azteca, en este nudo histórico de idas y vueltas que se conoce como El Puente de Lerma.

 

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