martes, 10 de agosto de 2010

Plazas Públicas


PLAZAS PÚBLICAS
Publicado en El Sol de Toluca, 17 abril 2006


En Semana Santa hemos visto las plazas repletas de gente. Globos, algodones, niños jugando, grandes y viejos sentados en las bancas viendo pasar la gente. Un techo verde de copas de árboles y el trinar incesante de los pájaros. La Fiesta, así con mayúsculas, la fiesta colectiva del buen vivir. ¿Qué más se le puede pedir a la vida que tomar un helado en un plaza festiva? Este placer tan urbano de vivir una tarde en la plaza pública rodeado de gente-como-uno escuchando las campanadas de la iglesia, mirando los balcones con macetas y compartiendo las bancas es una herencia valiosa de nuestros mayores, es una tradición antigua y elegante, alegre y civilizada de compartir el tiempo libre.

Las plazas de México son hermosas. Tienen fuentes, árboles, kioscos y coloridos ambulantes. En los pueblos que no crecen, su tamaño es perfecto, siempre en el centro del lugar. En cambio en los pueblos que crecen las plazas no se han reproducido. Veamos Metepec. Su población aumenta sin parar y ni siquiera tiene una plaza, le llaman “Parque Juárez” al pequeño espacio frente al Palacio Municipal y ... paren de contar. La gente se mete a vivir en “privadas”. La palabra privada debe venir de privación, carencia, ausencia de todas las amenidades que enumeramos. Vivir en una privada es como vivir en una crujía de Lecumberri. Las hay de lujo, medianas y pobres, así como en las antiguas cárceles había reos peligrosos, comunes y abandonados a su suerte.

Esta modalidad neoliberal de agrupar casas de familias permite al promotor ahorrarse el gasto de hacer plazas públicas. Por su puesto, el gobierno dejó de existir en 1982; desde entonces a la fecha no se ha construido una sola plaza pública a cuenta del erario (excepto Plaza Juárez frente a la Alameda del D.F.). Todo el terreno nacional está en manos de desarrolladores privados colonizados por Estados Unidos, país que carece de plazas públicas.

Porque lo más importante de una plaza es la arquitectura valiosa que la enmarca. Para que exista una plaza -pensemos en cualquiera de ellas, Malinalco por ejemplo, o alguna de Querétaro- debe haber una buena arquitectura alrededor, sólida, de buenas proporciones, alta, elegante. Pero en Metepec, si bien se han construido los mejores ejemplos contemporáneos como el edificio inteligente San Juan y el Centro Médico, la mayor parte de las construcciones que dan a las calles son oxxos, gasolineras, farmacias del ahorro, elektras y demás adefesios chaparros y desechables. Tampoco la arquitectura religiosa reciente tiene buenos ejemplares. El elegante edificio San Juan sobre vialidad Metepec carece de plaza pública, su espacio libre es privado como el de los centros comerciales.

Se le ha dado la espalda a la traza urbana tradicional, tan sabia como antigua, que nos proporcionó las más bellas plazas mexicanas. Se pensó que habían pasado de moda y que la modernidad consistía en usar el auto hasta la cocina, en desaparecer las banquetas, en encerrar a la gente en sus privadas y sólo sacarla a pasear dinero en mano. En Huixquilucan, donde crecen las torres de departamentos y su aspecto es impecable y moderno, no existe una sola plaza pública. No hay dónde sentarse a ver pasar la gente, la gente ahí no se deja ver, anda encerrada en el auto y a baja velocidad, porque tampoco hay traza urbana coherente. En el nuevo Huixquilucan no se puede salir de casa sin un peso en la bolsa, no hay donde noviar gratis, no hay bancas bajo las copas de los árboles, ni kioscos, ni fuentes, ni campanas de iglesias, ni pájaros siquiera. No hay tradición. Se copian los malos modales del vecino del norte, que come sin cubiertos a bordo de sus autos, que no sabe del placer de deambular en Semana Santa por una plaza mexicana tradicional.

En cambio la Plaza Juárez del Centro Histórico del Distrito Federal es un buen ejemplo contemporáneo a seguir; diseñada por el gran arquitecto mexicano Ricardo Legorreta, enmarca el espacio público con altas torres y deja que la antigua Alameda y el Hemiciclo a Juárez cierren el paisaje. La exhibición de esculturas en ese nuevo espacio público, es un deleite; el uso mixto de departamentos, oficinas federales como la Secretaría de Relaciones Exteriores y el rescate del templo Corpus Christi hacen una combinación perfecta de lo que puede ser el urbanismo del siglo XXI basado en el respeto a la tradición de las plazas.

El espacio público es lo que hace la diferencia entre un conglomerado y una ciudad. Sin urbanidad y sin buenas costumbres sólo construimos la riqueza de unos cuantos promotores y la pobreza de la población en general. El ciudadano integral debe disfrutar de los espacios democráticos que lo eleven a la categoría de soberano, las plazas públicas son la quintaesencia de la ciudad y de sus civiles ciudadanos. Adquirir tierra para desarrollar espacios integrales como el complejo de la Plaza Juárez puede ser la gran tarea de los gobiernos del futuro que quieran ser recordados por varias generaciones. Un lugar donde ir a tomar un helado, lustrarse los zapatos, leer el periódico, saludar al amigo, contemplar los fuegos artificiales, dar el grito e izar y arriar la bandera. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?

Estética

DE LO BELLO Y SUS FORMAS
Publicado en Letras Libres en febrero 2006


La estética no es cosa actual. Nadie habla de ella. La belleza, tan difícil de encontrar, no es tema de discusión. Vivo en la espantosa mancha urbana de Toluca y he tratado que se valoren los pocos encantos que le quedan, pero en vano. Hay proclividad por lo feo y contrahecho. Hay desprecio por las buenas proporciones y por los árboles frondosos. En Toluca nada cambia, somos la única ciudad que tiene un estadio en el centro sin estacionamientos ni luz eléctrica: la famosa Bombonera. Tenemos la catedral más fea de México, las banquetas más estrechas y la terminal de autobuses más inaccesible, sucia e inoperante. Y cuando algo cambia, lo hace para mal, como cuando el noble Paseo Tollocan fue ensanchado y convertido en un viaducto cualquiera.

Los despojos de la “Toluca la Bella” del General Vicente Villada sucumben diariamente ante el embate de azulejos, aluminios, castillitos morados, Oxxos rojos, Pollos amarillos, y formas caprichosas que no son dignas de Las Vegas ¡Oh reino del mal gusto! Si las fachadas hablaran, Toluca sería una letanía de improperios. Groserías mal pronunciadas porque literalmente la ciudad toda es un cartel mal escrito y no me refiero a los grafitis sino a la costumbre local de escribir anuncios comerciales en las paredes.

Toluca es la materialización del infierno de un esteta. Duele recorrerla, tan fea se ha vuelto. Con dinero y sin dinero la fealdad se impone. A los ricos les caracteriza el amor por la ostentación, a saber: autos grandes y costosos; guaruras grandes y costosos con trajes café; casas grandes de vidrios verdes, bien bardeadas y engalanadas con lucecitas navideñas y finalmente, viajes regulares al sur de Estados Unidos. Y los pobres imitando a los ricos compran autos que no tienen dónde estacionar, colocan vidrios verdes en las ventanas y demuelen el adobe; ponen luces navideñas sobre los nuevos muros de block. Ricos y pobres escuchan la misma música, muy alto y dicen ¿vistes? y ¿oístes? con desenfado.

Si después de México todo es Cuautitlán y después de Boston todo es Las Vegas, después de Toluca todo es hermoso. Salir del desaliño de sus calles embrutecidas por autobuses carcachones, es un oasis. Limpiar la vista de cables y transformadores, de medidores de luz clavados en los árboles de la Alameda, de carteles rojos con la cara del gobernador, es un placer liberador.

No sé cómo decirle a mis alumnos de arquitectura qué cosa tan fea presentan en sus proyectos. Yo imparto Arquitectura de Paisaje, (materia que desaparecerá con el nuevo plan de estudios), pero Proyectos sigue y seguirá reproduciendo en Toluca el estilo agogó que viene privilegiando desde que se fundó la carrera de arquitectura en 1964. Fue a partir de entonces que Toluca empezó a demolerse y a abaratarse. ¿Qué clase de estética inspiraba a esos jóvenes profesores arquitectos que como Atila y los Hunos arremetieron contra la ciudad? ¿Qué clase de estética se enseñó a los alumnos que desde entonces se gradúan en la Universidad Autónoma del Estado de México y que han producido algunas de las más contrahechas obras de todos los tiempos?. Veremos qué producen las universidades privadas que han proliferado recientemente o si está en el sino de los lugareños crecer y reproducir el mal gusto, porque para Toluca la Estética es una peluquería.

Todo es achaparrado, la elegancia de la esbeltez es desconocida. Luis Barragán no pasó por aquí; las proporciones verticales han desaparecido, las marquesinas horizontales de losa son embutidas a mitad de los antiguos muros, las varillas de acero siguen sobresaliendo oxidadas para envilecer la imagen del volcán, ese nevado que José María Velasco jamás pintó. Los olvidados, éso somos en este valle, los olvidados de la gracia de la estética.

TURISMO CAMPESTRE

Publicado como “PATATURISMO” en CAMBIO enero 2006



Hubo una vez en que en el Estado de México se hacían carreteras. Tan importantes eran que se levantaban elegantes arcos señalando el acceso al estado. Sobreviven el de Lerma y el de la carretera a Zitácuaro. El que estaba en Las Cruces daba la bienvenida al viajero por un lado y al otro decía: “Aquí la Justicia es Norma y el Trabajo es la Ley”, frases solicitadas al poeta Horacio Zúñiga.
Mucho tiempo antes, en el siglo de la conquista, los caminos reales se fueron haciendo a duras penas sobre las tradicionales rutas prehispánicas. El puente de Río Hondito en la curva de La Escondida es una romántica ruina en medio de una hondonada cuajada de tejotes. Formaba parte del camino real y actualmente su deterioro es casi total y la indiferencia del INAH y de los gobiernos del Estado de México lo dejan desmoronarse con su historia a cuestas, con el peso de los años y de los ejércitos relistas e insurgentes. Miguel Hidalgo cabalgó ese puente: victorioso de ida, silencioso de regreso.
El sitio donde libró la trascendental Batalla de las Cruces está hoy sepultado bajo montañas de granzón para el pavimento que produce una empresa en el derecho de vía federal. El paisaje de este llano de la Marquesa está convertido en un nuevo campo de batalla: el que libra el libremercado (con la anuencia de las autoridades) contra el territorio nacional.
La otra marquesa, la esposa del embajador Calderón de Barca, pasó una fría noche en Toluca en la Casa del Risco, una pensión para viajeros y sus diligencias que fue demolida en los devastadores años 60 para que en su lugar surgiera una juguetería de muy triste diseño en la esquina de 5 de febrero y Aquiles Serdán del centro de Toluca. Además de La Casa del Risco, Las Diligencias y el Hotel Suriano hospedaban a los numerosos hombres de haciendas que compraban, vendían o sólo pasaban de largo rumbo a la ciudad de México. Hoy en Toluca los nuevos hoteles agregan después de su nombre propio, la palabra Inn, equivalente en inglés a hostal, hotel o posada.
También en la capital del estado vivió Vasconcelos... nadie sabe dónde. Ni una placa indica el sitio cercano a la Alameda que él narra en su Ulises Criollo. Fidel Castro y el Che Guevara vivieron también en Toluca, Marx sabrá dónde.
Una simple placa hace la diferencia. Cuando se visita en Texcoco la Catedral y se lee de pasada que en ese sitio se enseñó filosofía por vez primera en América, impartida por Pedro de Gante, el sitio cambia, adquiere fuerza, herencia, sentido y valor histórico.
Cuando un Wall Mart se levanta sobre Teotihuacan sabemos que un extraño enemigo ha profanado con sus plantas el suelo. Su nombre es complejo, se llama ALCA.
A través del ALCA comemos hamburguesas y las bajamos con cocas porque los refrescos mexicanos Pascual son testarudos, quieren sobrevivir a toda costa a pesar del duopolio Coca-Pepsi, habráse visto! Comida mexicana ¿qué es eso?. Al turista gringo lo que mande.
Esta tendencia hibridizante debe ser contrarrestada en el campo turístico con la apertura de posadas donde se venda comida local, cocina regional al amparo de un proyecto impulsor de caminatas por el campo. Esta propuesta de caminar (pasear) en vez de circular, es menos contaminante y más intensa. Se huele el aire, la tierra mojada y las flores silvestres. Se siente el viento, el sol, el campo arado y el ojo de agua, siguiendo la guía de un detallado mapa hecho ad-hoc por la Secretaría de Turismo o por los gobiernos municipales que valoren su territorio. Luego de una buena caminata se antoja sentarse a comer lo que haya, lo que la gente de la zona acostumbra y listo. La derrama de dinero no pasa por intermediarios y se queda en el campo que es tan bello y tan abandonado por los varones que emigran.
Esta propuesta ecoturística dará recursos a las mujeres que quedan solas y les permitirá tener ingresos propios, al menos durante los 6 meses de sequía. Todo es cuestión de acondicionar casonas tradicionales, de adobe, vigas y teja para que sirvan de fonda o de posada, porque la arquitectura vernácula debe revalorizarse antes de que acabe desapareciendo. Paisaje limpio, comida sana y arquitectura tradicional suenan ideales para estas vacaciones de invierno.

Malas Costumbres

MALAS COSTUMBRES
Publicado como “Costumbres de Gañán” en CAMBIO 05/Octubre 2005



Masco chicle, pego duro, bailo tango, escupo lejos, tengo viejas de a montón, tururúuu. ¿Lo recuerdan? Podemos añadirle: grafiteo, tiro cascajo, orino paredes, tururúuuu. Y aún más: cuelgo tenis de los cables, lanzo papeles desde el auto, como mugres en la calle, tururúuu. Mando el drenaje al río, trozo árboles y me cuelgo de la luz.
Todas estas malas costumbres tienen un dejo de perverso orgullo. Ser gañán es prestigioso en un medio embrutecido por las malas costumbres y la impunidad. Lástima no poder echarle la culpa a aquellos españoles sucios que llegaron en el siglo XVI, porque ahorita España tiene sus ciudades impecables, sus ríos limpios y sus modales urbanizados.
En 200 años de vida independiente en el Estado de México no hemos adquirido buenas costumbres, por el contrario nos agredimos con pintas en las paredes, con anuncios agresivos, con basura a lo largo de las carreteras, con ríos muertos, donde flota pestilente, la picardía mexicana.
Carnitas de Calpulhuac bautizan el río Lerma en sus nacientes. Trapos, plásticos y pañales se deslizan por las cañadas que bajan del volcán. No son las autoridades quienes hacen basura, somos todos los habitantes, ricos y pobres de este estado los que ensuciamos la ciudad y los campos. La haraganería, conocida como la ley del menor esfuerzo, es la madre de la mugre. Poner las cosas en su lugar lleva tiempo, separar la basura cuesta esfuerzo, abstenerse de escupir en la calle...no cuesta nada, pero parece ser cosa de machos. Tururúuu.
Tener la ropa limpia a costa de un río sucio no es negocio. Los pozos de absorción son baratos y fáciles de hacer con piedras, gravas y arenas que filtran el agua. Pavonearse con cuellos impecables por una ciudad sucia es como una obra del absurdo donde el escenario no coincide con los personajes. Lustrarse los zapatos para saltar los charcos malolientes de la Felipe Berriozábal frente a la Terminal de Toluca es un mal chiste.
¡Aguas! gritamos como cuando durante la colonia se lanzaba el contenido nocturno de las bacinicas a la calle a través de las rejas de las ventanas. Se lanzaban entonces las “aguas” a las calles sin drenajes, pero ahora mandamos los drenajes a los ríos y ¡aguas! con caerse a un río. San Juan Bautista no aceptaría bautizar por estos rumbos, tendría que cambiar de oficio. Quiero decir con esto que no estamos en la Tierra Prometida sino en la Tierra Ensombrecida.
Debemos observar el estado en que quedan las calles cuando se levantan los tianguis para entender que no todas las tradiciones son buenas. Comer sin lavarse las manos, colocar fritangas con tanques de gas en la vía pública, calar las frutas tirando las cáscaras al suelo, sostener los lazos clavados en puertas o en troncos de árboles y obstruir la vía pública son muy malas costumbres.
Observé en Valladolid una plaza muy interesante. Totalmente pavimentada tenía una fuente en un extremo y una pérgola a todo lo largo de su extensión. Abajo algunas bancas. Un día a la semana se instala bajo su sombra un mercado de frutas y verduras. No se obstruye el tránsito ni se improvisan toldos. El orden puede convivir con la tradición, todo es cuestión de un buen diseño, una buen entendimiento entre las partes y un amor a la ciudad. Nuestros tianguistas son itinerantes, no tienen arraigo, usan y ensucian cada sitio donde van, como las ferias que acaban con las instalaciones eléctricas y con el silencio de las colonias. Se abusa, se tolera y se lucra con las renta de la vía pública.
Faltan plazas públicas. No se ha inaugurado una sola desde la macroplaza de Chalco en 1989. Desconozco su estado actual, pero fue concebida para que el Papa diera misa, no para otra cosa. Desde el aire se ve como un terreno baldío. Todo Chaco se ve como el resumen de este artículo. Ha sido gracias a las malas costumbres de los usureros de la especulación urbana que Chalco se trazó en el lecho del lago de Chalco. Es la prueba viva y doliente de las malas mañas, es el tururúuuu del urbanismo, sin calles arboladas, sin plazas públicas, sin jardines, ni alamedas. Todo librado a su suerte en el lecho de un lago, sobre tierra federal, sobre patrimonio de la Comisión Nacional del Agua y trocado en escrituras insolentes e ilegales.
Los puentes romanos sobre el río Guadiana en la ciudad española de Mérida o sobre el Tormes en Salamanca, nos dicen que 2000 años no son nada cuando las cosas se hacen bien, tanto los puentes romanos nos conmueven con su belleza y buena factura como los ríos mantenidos impecables son un gozo de sus ciudadanos.
En casa, en cambio, el olor del río Lerma es parte del paisaje sucio en el que vivimos. El magnífico puente carmelita de tres arcos construido en 1613 es mudo testigo de la pestilencia mexiquense. Viva el partido Verde Ecologista de México que ganó las pasadas elecciones, Viva!!!! Tururúuuu!!!!!!!
PAISAJES MISTICOS DEL ALTIPLANO.
Publicado como “Escenarios místicos” en CAMBIO 04/Septiembre 2005



Esta planicie alta, ventosa y transparente es el escenario de sitios sobrecogedores. Los panteones que aparecen en las afueras de los pueblos conmueven nuestra entereza. Sus bardas ciñen un manojo de negros cipreses que se agrandan conforme nos acercamos y su oscura figura agiganta el recuerdo de los muertos. Alguna yuca añosa guarda la entrada de estos panteones civiles de portada de arco, donde el tiempo pasa lento y solitario como el viento de los cuentos de Juan Rulfo.

Los patios del Desierto de Los Leones en Cuajimalpa son sitios místicos también; en ellos, como en las puertas de los panteones, se siente la paz y la angustia de ser, de trascender y de morir. La arquitectura y el paisaje se funden para dotar a estos sitios de misticismo. El silencio ayuda.

Al subir el Nevado de Toluca se comparte esa paz y esa angustia porque el silencio, la vastedad y la mole pétrea que ascendemos nos devuelve la escala humana (o divina) que a diario mantenemos anestesiada. No es fácil ser contemplativo en medio de una urbe, hasta que la mística del altiplano nos da en la cara en una esquina cualquiera: me refiero a la cruz rodeada de flores que marca el sitio de un deceso.

Las cruces que pueblan los bordos de las carreteras son escalofriantes. Con flores frescas son conmovedoras. Veo con frecuencia una cruz sencilla en la esquina de un crucero peligroso y resumo en ella el homenaje al peatón atropellado. Qué difícil resulta vivir en las urbes de este altiplano, qué fácil es morir bajo las llantas de un camión y qué conmovedora es nuestra tumba florida en el punto fatal. Cruces como ésta son como un rosario que se desgrana a lo largo de las cintas asfálticas y que nos confrontan con el dolor, con la ausencia y con el amor perdido para siempre.

Luis Barragán sostenía que el altiplano es un paisaje abstracto. Su arquitectura simple, de ángulos rectos es abstracta también y es hija de este altiplano mexicano. El muro recto, la sombra que se alarga y el canal de agua son los ingredientes intelectuales del padre de la arquitectura de paisaje mexicana contemporánea. Nadie como él entendió el misticismo del paisaje y nadie como él supo hacer crecer la presencia humana desde sus entrañas. El silencio de los patios de Barragán es parte de ese respeto místico que él sentía por el sitio. Luis Barragán es el maestro del misticismo mexicano, su escuela continúa en el Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria de la UNAM, una obra colectiva donde el sitio es magnificado por la humilde intervención de los siete artistas plásticos que lo concibieron. El pedregal de San Ángel queda enmarcado como paisaje lunar para hacernos sentir, en medio de la Ciudad de México, en el más allá, en un Tlallocan desnudo y silencioso.

Un campo arado es paisaje agrícola, pero es también un paisaje místico porque aunque solitario, nos deja ver el trabajo invertido, el orden, la esperanza de la cosecha, la relación del hombre con la tierra, esa tierra en la que todos nos convertiremos. Un campo arado es una gran tumba que da frutos, y que se riega con la sangre de los partos y que huele a porvenir cuando se moja.

Nuestro etéreo altiplano se compone de paisajes silvestres, pasa por los paisajes agrícolas y culmina en las construcciones simbólicas evocativas del más allá como Conventos, Panteones o Cruces. La vida y la muerte están siempre presentes, las flores de cardo en las laderas de los volcanes nos recuerdan que la vida está presente incluso por encima de las nubes; la dualidad de vida y muerte la ejemplifican los campos labrantíos con su alternancia de verde y oro según sea época de lluvia o de sequía. Intramuros, los panteones mantienen vivo el recuerdo de los muertos con sus inmensos y lúgubres cedros blancos.

El viento sigue soplando y mece las pequeñas flores silvestres que no dejan de aparecer en cada estación del año para convertir en color los nutrientes de la tierra y de las rocas. Los muertos renacen, la vida continúa hasta después de la muerte.
¿QUÉ HAY DEBAJO DE TEXCOCO?
Publicado en CAMBIO 03/Agosto 2005



Nuevas técnicas satelitales deberán utilizarse para reconstruir la gran metrópolis prehispánica que fue Texcoco. Recordemos que tanto Hernán Cortés como Bernal Díaz del Castillo se refieren a ella con especial aprecio porque ahí vivieron antes del sitio a Tenochtitlan y cada vez que iban o volvían de la costa.
Texcoco parece ser la gran olvidada de la arqueología mexicana. Ni una sola referencia a ella encontramos en el más completo estudio de las urbes prehispánicas de Ignacio Marquina quien pudo, en cambio, reconstruir con admirable precisión el centro de la gran Tenochtitlan muchos años antes de las excavaciones del Templo Mayor. Texcoco tampoco aparece mencionado en el magnífico Códice de los Asentamientos Humanos editado por el gobierno federal en 1980.
Pero si Texcoco no hubiera sido una gran urbe, ¿porqué se construyó en ella un magnífico convento franciscano donde Fray Pedro de Gante se puso a dar clases de filosofía? Si la primera escuela formal del continente americano se encuentra en Texcoco es porque su gente nativa era culta y consecuentemente fácilmente educable. No se puede enseñar latín, artes y oficios o filosofía a quien carece de bases propias.
Texcoco era también políticamente importante. Formaba parte con Tacuba y Tenochtitlan de la triple alianza pero a la llegada de los españoles el señorío se encontraba dividido entre dos nietos del gran Netzahualcoyotl: Cacama e Ixtlilxóchitl .
En Texcoco, curiosamente, muere la madre de Hernán Cortés, Catalina Pizarro. El Capitán había sido desterrado de la Ciudad de México en 1527 y en 1529 decide llevar el caso de su defensa hasta España. A su regreso trae consigo a su madre, quien fallece en Texcoco en 1530 sin llegar a conocer la bella Tenochtitlan, ciudad que ya empezaba a dar muestras de demoliciones intencionales.
Debió ser por esas fechas cuando la gran Texcoco sufre también la demolición de sus monumentos. Tanta piedra bien canteada representaba una mina inagotable para los edificios huecos que hacían los españoles. De una mole sólida como una pirámide deben haber salido varias iglesias y palacios renacentistas y su población debió ser numerosa para recibir por cédula real de Carolos V en1551 el rango de ciudad.
El lago se fue alejando de Texcoco y la columna a la que fueron amarrados los bergantines tiene tiempo de estar en tierra firme evocando un mundo perdido.
La traza urbana actual del casco de Texcoco, que sigue la clásica cuadrícula romana, sin duda coincide, como en Tenochtitlan, con la orientación de las calzadas prehispánicas.
¿Dónde buscar vestigios?, pues en el primer cuadro sin duda. Sin dañar las estructuras en pie, se puede “echar un vistazo” a los cimientos antiguos con técnicas contemporáneas. Escaneos y resonancias satelitales pueden arrojar alguna luz sobre las dimensiones de las pirámides. Sin embargo nada podrá saberse de las construcciones domésticas que por dispersas y sencillas no saldrán en la foto. La dispersión de la gente en Mesoamérica era consustancial a su estructura económica. Se vivía de la milpa. Por eso los españoles hicieron las conocidas reducciones de indios; es decir agrupamientos urbanos.
Pero Texcoco era un centro ceremonial, era la parte arquitectónicamente visible de una estructura política y de la cual nada sabemos. Cuando el trabajo de reconstrucción virtual de Teotihuacan quede terminado, sería deseable que la UNAM volteara los ojos a Texcoco, ciudad que por añadidura fue capital del Estado de México durante la intervención francesa y que merece correr mejor suerte que la que tiene, donde se desconoce su valor prehispánico y no se valora su arquitectura y traza coloniales, dignas de mejor conservación y de reconocimiento nacional.
Si quieres ser feliz un día, emborráchate.
Si quieres ser feliz una semana, cásate.
Si quieres ser feliz toda la vida, haz un jardín

Proverbio chino



INTRODUCCIÓN

El altiplano ha sustentado durante varios milenios la vida del hombre civilizado. Desde el siglo XVI ha sido transformado constantemente y el siglo XX lo explotó hasta dejarlo yermo e irreconocible.

Hoy se habla de que la relación del hombre con su entorno debe ser una de intercambio y no de explotación. ¿Qué se puede intercambiar con fantasmas de lagos, con recuerdos de bosques o con espectros de animales extinguidos? Sin embargo en este paisaje explotado nos toca vivir.

Decía Antonio Machado que …Patria no es la tierra que se pisa, sino la tierra que se labra. El poeta murió exilado, cruzó la frontera tiritando de frío y de fiebre, solo, entre la muchedumbre de republicanos que huían del franquismo rumbo a Francia. No fue justo ese destino. Más suave y grato fue el del abuelo del escritor lusitano José Saramago, quien al sentir cerca la muerte, bajó al huerto y uno a uno fue tocando los troncos de los árboles a modo de despedida.

La belleza y la verdad deberían acompañar cada paso de nuestras vidas. Es privilegio de los arquitectos poder brindar belleza, solaz, alegría y seguridad a través de nuestras obras.

Este blog reúne reflexiones para el logro de un entorno grato a los sentidos, a la razón y al corazón. No da fórmulas de diseño sino conocimientos necesarios para no afectar negativamente el paisaje y poder intervenir, en cambio, en forma armónica con el entorno.





Susana Bianconi