miércoles, 5 de abril de 2017

ARQUITECTURA DE SEXO GENÉRICO

Susana Bianconi
Publicado en CAMBIO del Estado de México #142, marzo 2017


Sufrimos la arquitectura del siglo XX en los sanitarios. Hoy, en el XXI, la arquitectura debe adecuarse a la tendencia de no segregar ni estigmatizar, ni hacer sentir mal a nadie a la hora de usar un sanitario público.
Ya se han emitido documentos de identidad donde el sexo es genérico. Lo propio hay que hacer con los baños. Aunque los edificios son estructuras pesadas, no hay nada más pesado que la estructura mental que se niega a remodelar las instalaciones. Y la cosa es fácil como veremos adelante.
Veamos. ¿Por qué este problema no existe en los aviones y sí en los aeropuertos? Porque el avión es un diseño evolucionado y la arquitectura en cambio se ha quedado anclada en el pasado. En un avión no existe el problema, no hay letreros de varones ni mujeres en las puertas de los sanitarios. Uno usa el que está desocupado y listo. Igual debería hacerse en cada edificio que alberga público en general, como escuelas, auditorios, oficinas, etc.
Una cadena de restaurantes ha resuelto al menos el caso de los minusválidos: en lugar de instalar un espacio grande y adaptado a la silla de ruedas en cada sanitario segregado por género, ha instalado uno neutro al medio; medida muy inteligente ya que si alguien necesita ayuda dentro del baño, puede que la obtenga de su acompañante que no siempre es de su mismo sexo.
En cambio, en el siglo pasado, la idea de los sanitarios era bastante absurda. Por ejemplo, en el campus de la UNAM, diseñado y construido en los 50, los sanitarios son una larga batería de muebles, donde, mientras son aseados, se inutilizan todos, porque el trabajador cruza las escobas en la entrada. La opción entonces para quien necesite refrescarse es caminar casi un kilómetro a la siguiente batería de muebles de baño. Absurdo.
La solución es hacer baños de avión en cada edificio nuevo, es decir, cada excusado con su lavabo en un mismo cubículo. Que lo use quien lo necesite, sin importar su género ni preferencia sexual. Ahora bien, la adaptación de los espacios ya existentes pasa renovar los espacios con esta nueva concepción, lo que los volverá más prácticos y amigables, más limpios y eficientes. Las instalaciones hidráulicas y sanitarias ahí están, es cosa de hacer cubículos unisex.
Se volverán anacrónicos los íconos del varoncito y la mujercita en azul y en su lugar aparecerá un solo signo genérico, quizás WC, donde el excusado y el lavabo sean una unidad. Así la arquitectura habrá resuelto un problema que ella misma provocó cuando quiso separar cromosomáticamente las instalaciones sanitarias.
La diversidad requiere soluciones simples, donde se tiren abajo las concepciones prejuiciosas y anacrónicas, como la que nos ocupa. Y hablando de ocupar, quizás la puerta de cada sanitario sólo tenga el semáforo verde y rojo de libre/ocupado.



domingo, 5 de marzo de 2017

CANTERA DE LA UNAM

CICATRIZACIÓN NATURAL
Susana Bianconi
 Publicada en la revista CAMBIO del Estado de México en febrero 2017
Los pedregales no tienen lagunas. Esto es porque los terrenos rocosos dejan pasar el agua y la re-infiltran al suelo. Para retener el agua se requieren suelos impermeables, generalmente sedimentarios.
Así, y como ejemplo, diremos que la Sierra de las Cruces absorbe agua, mientras, a sus pies, las lagunas del Lerma la contienen.

Lo mismo ocurre con el Pedregal de San Ángel, donde se asienta nuestra Universidad Nacional Autónoma de México. Las rocas del pedregal dejan sumergir el agua entre sus oquedades. Y sin embargo…

Hace 31 años, la Ciudad de México se vio envuelta en una nube de polvo luego de la sacudida del temblor del  19 de septiembre. Cuando se pudo volver a ver entre las partículas, la visión fue una de desolación: edificios ladeados, semiderruidos, banquetas alzadas, cascotes, cables y postes tirados. Emergencia.

La UNAM, la inmensa Universidad, abrió los brazos a todos esos despojos de la ciudad y recibió el cascajo. Permitió que esa mezcla de materiales retorcidos hallaran reposo en la cantera del Pedregal de Santo Domingo, sitio donde años atrás se sacaba material de construcción.
Y pasaron los años.

Unos cuantos lagos aparecieron en la superficie de este tiradero a cielo abierto. Llegaron aves, nacieron plantas, croaron ranas y en el lapso de una generación el sitio es otro. La naturaleza se regeneró, o mejor dicho, generó un nuevo lugar con características propias sobre el pedregal original. Ahora hay una trotapista, un Centro de Desarrollo Comunitario y entrenan Los Pumas amparados por los acantilados de la vieja cantera. Se llega a pie desde el Metro Universidad.

La palabra de moda para un fenómeno como el que describo es resiliencia, pero suena tan fea y es tan difícil de pronunciar, que prefiero usar la palabra cicatrización. La combinación de un suelo nuevo (formado de los más diversos materiales) y la acción del clima local permitieron dar vida a un gran tonelaje de despojos inerte. Sí se puede, dice esta fábula. Sí nace vida de la muerte. Sí hay que darle una oportunidad al tiempo, como a Hiroshima, para renacer de las cenizas.


Fototo del Google Maps
¿Cuántos cataclismos tendremos que capotear para recuperar el paraíso perdido del río Lerma? ¿Cuántos siglos habrán de pasar para recuperar el lago de Texcoco que el gobierno federal está matando para echar a andar un aeropuerto contrahecho? ¿Cuántos incendios habrá que tolerar antes de sanear los charcos de gasolina de las cotidianas tomas clandestinas? ¿Cuántas inundaciones habremos de sufrir antes de parar la pavimentación del territorio?

No todo es desesperanza. La Cantera del Pedregal hoy se llama Parque Ecológico Experimental y es el Ave Fénix del terremoto de 1985.

viernes, 3 de febrero de 2017

BALLENA

¿QUÉ HAY EN UN NOMBRE?

Susana Bianconi y Andrés Galindo Bianconi
Publicado en la revista CAMBIO del Estado de México # 138 de diciembre 2016


Shakespeare le hace decir a Julieta: “¿Qué hay en un nombre?” refiriéndose a los apellidos Montesco y Capuleto que se interponen en su amor por Romeo. La frase se ha hecho célebre y nos habla de la trivialidad de muchos nombres propios.
En urbanismo la banalidad se refleja en los nombres dados a los conjuntos privados en las calles cerradas que tienen apelativos de alcurnia, de títulos nobiliarios, de bosques inexistentes y de grandezas de las que carecen.
Algunos mueven a risa, otros son ironías involuntarias como el caso de los muchos “Reales” que se ubican en calles Miguel Hidalgo (quien abolió la realeza). O bien, los conjuntos con nombre de santos y cuya dirección está en calles Lerdo o Juárez, los célebres autores de las leyes de desamortización de bienes eclesiásticos. Y la ignorancia es cómica cuando se vuelve pretenciosa, como en el caso de Bosque de Ciruelos. Los bosques de ciruelos no existen, solo hay huertas de ciruelos.
La lista es interminable: los mayorazgos, los condados y los reales regresan por sus fueros. Hay una gana de volver a los tiempos del Virreinato, una nostalgia por pertenecer a la nobleza insular que llama la atención. El primero en el que reconocimos la contradicción fue “Real de San Martín” en la calle Nicolás Bravo… pobre Nicolás Bravo, él que dio su vida luchando contra la realeza. Los promotores inmobiliarios conocen las flaquezas de sus víctimas y a ellas apelan a la hora de venderles gato por liebre. Así colocan nombres de ciudades italianas a caseríos construidos con usura, block y tablarroca.
Pero hay sitios que no tienen nombre. ¿Cómo llamarle al distribuidor vial de Toluca en el cruce de las avenidas López Portillo y Alfredo del Mazo?, ¿Qué hay en esos dos nombres? ¿A qué nos remiten, qué nos recuerdan, qué nos dicen? Estos nuevos Montescos y Capuletos no cuentan una historia de amor sino una de horror, una historia de cuatro años de obras inconclusas, mal hechas y mal diseñadas. Una obra donde las piezas metálicas se caen solas sobre los vehículos y matan gente.
Busquémosle un nombre a este crucero de la muerte, donde tantos han sido asaltados y atropellados porque carece de banquetas, porque carece de cruces peatonales y todo porque fue concebido exclusivamente para los vehículos motorizados… y resulta que la gente no tiene motor,
ni quema gasolina, ni tiene faros. Para los que trazaron este enredo de vías rápidas inhumanas, la gente sin auto no existe, ni las ven ni las oyen.
Pero, si les parece bien, pongámosle un nombre Virreinal al adefesio, ¿la Santa Inquisición quizás? ¿El marquesado del Valle de Oaxaca? ¿Hernán Cortés? O mejor lo llamamos “La Ballena”, a secas. Sabemos que el nombre técnico de la pieza metálica que mató a José Juan Díaz el 25 de diciembre de 2016 no es ballena, pero los periodistas y la gente en general así la dio en llamar aquel trágico día. Y como absurda fue esa muerte, como absurdo es ese no-lugar, no menos absurdo debe ser su nombre: Ballena.
Para que no se nos olvide que hay sinsentidos urbanos, la Ballena deberá llamarse el sitio que hoy no tiene nombre. Con perdón de Shakespeare.

lunes, 9 de enero de 2017

en defensa del paseo tollocan

EN DEFENSA DEL PASEO TOLLOCAN


Ponencia presentada en el III CONGRESO de Arquitectura de PAISAJE en León, Guanajuato, el 22 de agosto de 2002


Antecedentes
El Paseo Tollocan se crea en 1972 a lo largo del antiguo Camino Real entre Lerma y Toluca. Conocido por todos los viajeros que se dirigen al poniente del país, el Paseo Tollocan se caracterizó por ser una refrescante puerta de acceso a la provincia mexicana. Una colosal estatua de Emiliano Zapata se agrandaba ante los ojos conforme se accedía a una vía particularmente amable, sombreada de frondosos sauces llorones y por magníficas matas de colas de zorro dispuestas en zigzag. La recta se perdía en el horizonte flanqueada por generosos acotamientos de mexicano tezontle rojo y, 10 kilómetros más adelante, comenzaba la ciudad de Toluca en la Avenida Hidalgo que conserva palmeras datileras plantadas en 1940 y el monumento a la Madre.
En 1972 el gobernador del Estado era el Profesor Carlos Hank González y su Secretario de Obras Públicas era el Ingeniero Bulmaro Roldán. El encargado del insuperable trazo original del Paseo fue el Dr. en Ing. Melchor Rodríguez Caballero: el paisajista fue el arquitecto Carlos Bernal Salinas. La escultora de las obras monumentales de tezontle rojo fue Ángela Gurría y el director de toda la orquesta, el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Lejos de ser una obra huérfana, el Tollocan goza de muchos padres, como toda obra bien hecha.


Descripción

Esta espectacular vialidad se caracteriza por tener en cada sentido dos carriles de alta velocidad y dos de baja, separados por generosos camellones arbolados. El ferrocarril corre paralelo al Paseo, entre los carriles de baja y alta velocidad y abastece fundamentalmente a las industrias automotrices, ya que el transporte de pasajeros ha dejado de funcionar desde finales de los 90. El paseo corre de oriente a poniente y en su lado norte se instala un parque industrial a partir de 1964. Del lado sur se van desarrollando áreas habitacionales. Un vasto camellón central divide los flujos vehiculares. Con sus 10.5 kilómetros de largo y una sección que sobrepasa los 100 metros, el Tollocan constituye un parque de 150 hectáreas.


La vegetación
Sus estratos son elegantes y sabios: los negros juníperos fueron plantados para evitar encandilamientos, los sauces llorones para atrapar el agua y evocar el cauce de una cuenca que se sigue desecando, amén de atestiguar el paso de las estaciones. Grandes chopos fueron transplantados desde Chalco en bosquetes a cada tanto. Contrastes de verdes se producen aquí y allá con algunas coníferas, con un magnífico fresno añoso y por último, con los más viejos sauces blancos del antiguo camino real. Una cubierta de pasto rústico mantiene el verde casi todo el año pese a las heladas invernales.


Los daños
A lo largo de sus 30 años de vida el Paseo ha sufrido y sigue sufriendo muchos embates.
1. Las fuentes de recios chorros que provocaban arcoiris han dejado de funcionar, los miles de “pampagrasses” o colas de zorro fueron rociadas con brea y quemadas de raíz por la Junta de Caminos.
2. El general Zapata fue movido de su eje fundamental y condenado a un lado, donde ha perdido escala y valor. Un par de recientes puentes carreteros motivaron su traslado.
3. Estos puentes nuevos no copian a los otros dos originales existentes, construidos con suaves pendientes en taludes empastados, sino que son producto de una construcción mercantil de obra tipo.
4. Los puentes peatonales que se han construido carecen de diseño, son estructuras estandarizadas, nada adecuadas al paisaje excepcional del Tollocan.
5. Se plantaron indiscriminadamente gran cantidad de cedros blancos (cipreses en realidad) como si fueran lechugas y en ellos se entretienen algunos aficionados a la topiaria. Su aspecto desmerece el conjunto.
6. Un gran mástil sin bandera fue colocado al centro de un área devastada sin pena ni gloria. Retirado en 2005, se erige ahora un monumento a Hank González.
7. Muchos sauces son mochados para que su follaje no impida la visión de anuncios espectaculares.


El ejemplo
Diseñado para ser observado en movimiento y apreciado como una obra estática, el paseo tiene un carácter único. Sus esculturas monumentales tienen la virtud de abrir un compás de formas telúricas al paso de los autos. Recorrerlo es una experiencia grata aún hoy.



La amenaza
En 2002 la Secretaría de Comunicaciones y Transportes del Estado de México acometió la construcción de un tercer carril en la franja de alta velocidad, lo que implicó la pavimentación de 7 hectáreas de áreas verdes, la tala de 470 árboles maduros y la colocación de altas guarniciones de concreto a ambos lados para impedir la visibilidad de los prados. El proyecto pretendió convertir el paseo en un viaducto común y corriente.
Las obras, a cargo de la Junta de Caminos y se llevaron a cabo en forma nocturna.
El despacho del Arq, Pedro Ramírez Vázquez conoció del proyecto y designó al Arq. Arturo Márquez Serrano para rediseñar los puentes peatonales que se colocaron y que carecen de diseño adecuado.


Reflexiones
En treinta años el Paseo Tollocan ha estado solo, no se ha construido ninguna otra vialidad alterna, mientras la ciudad de Toluca y su área conurbada crecieron 10 veces. La SCT no presenta ningún estudio de ingeniería de transporte ni de simulación de distintas alternativas para soportar este nuevo ataque a esta obra patrimonial. El diagnóstico de que el Paseo Tollocan quedó chico, no es sensato porque el Tollocan no puede crecer. Hacerlo crecer a la fuerza es tanto como destruirlo Existen opciones viales alternas como la conclusión de la vialidad “Las Torres” que no tiene principio ni fin, o el libramiento norte que saliendo de la autopista México-Toluca a la altura del río Lerma se piensa que derive el tránsito que se dirige hacia el norte, es decir, hacia Querétaro y Guadalajara.


Alternativas
Como quedó claro en el Foro que sobre la conservación del Paseo Tollocan se llevó a cabo en el Salón de Cabildos del H. Ayuntamiento de Toluca, el 4 de septiembre de 2002, la vulnerabilidad de toda la ciudad se encuentra en contar con sólo una vía de importancia como el Tollocan. El viernes 11 de octubre de 2002 los tianguistas del Mercado Juárez cerraron esta vía provocando un caos mayúsculo. La ciudad carece de vías alternas y quedó probado lamentablemente en la práctica, que no importa cuántos carriles se le añadan al Paseo, mientras siga siendo la única vía de acceso a la ciudad, los riesgos de paralización seguirán latentes.
La zona industrial, al norte del Paseo, carece de una vía paralela que permita el regreso de los trailers sin necesidad de reincorporarse al Tollocan a través de sus congestionados puentes. Las incipientes calles que abastecen a las industrias se ven truncadas por asentamientos arbitrarios como el de General Motors que se apoderó de terreno y vialidades a un tiempo. La complacencia oficial sin duda permitió tal absurdo urbano heredando los problemas de circulación a la actualidad. La carga pesada de trailers y camiones debe obligadamente recurrir al Tollocan como única vía de salida debiendo reintegrarse cruzando sus puentes que están más que saturados y que lo seguirán estando mientras no haya alternativas de circulación.
Por otro lado, al sur del Paseo, se fue construyendo de tramo en tramo la vialidad Las Torres, bajo las líneas de alta tensión. Esta vía de 3 carriles en cada sentido no fue asesorada por ningún paisajista, consecuentemente, su amplio camellón de hasta 100 metros de ancho carece de tratamiento y suele ser basurero de cascajo entre milpas. Careciendo de drenaje pero contando con altísimas guarniciones, Las Torres se convierte en un río en días de lluvia. El agua no alcanza sus prados y no se reabsorbe como en el sabio Paseo Tollocan. Pero lo peor es que esta vía, Las Torres, sigue inconclusa y en la actualidad tuerce su trazo y lleva toda su pesada carga vehicular precisamente al Paseo Tollocan a la altura del Boulevard Aeropuerto.
Las alternativas de circulación pueden llevarse a cabo si se teje una trama fina de pavimentación de calles tanto al norte como al sur del Paseo, permitiendo al tránsito local salirse del Paseo encontrando su ruta doméstica cotidiana. Los mayores estorbos a este simple plan lo constituyen conspicuas construcciones que se han asentado sobre las brechas, como el hotel Holliday Inn, que se localiza obstruyendo la calle Francisco I. Madero. Las transversales, las vías norte-sur son también necesarias y existen insinuadas en terracerías. Lamentablemente no es política municipal el pavimentarlas antes de su invasión y consecuentemente al sur del Tollocan que es zona urbana, sólo existen macromanzanas. Las distancias entre una y otra vialidad norte-sur es tal que no se pueden realizar a pie. Consecuentemente los recorridos se tornan muy largos aunque las distancias a salvar sean cortas, porque sólo ingresando al Paseo Tollocan se logra acceder a otra vialidad.

La propuesta
1.- Una posibilidad para que el Paseo Tollocan deje de ser agredido y que recupere su lustre y plenitud es la de elevarlo al rango de Patrimonio Natural y Cultural de la nación o de la Humanidad a través de la UNESCO. De otra manera los pocos interesados en su conservación nos vamos cansando de luchar contra la insensatez de funcionarios públicos que empiezan obras baratas en cada período electoral sin medir las consecuencias.
2.- Es necesario que los Secretarios de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del Estado dejen de ser Ingenieros Civiles, ya que en su preparación profesional carecen de materias como Urbanismo y Paisaje y arremeten contra el patrimonio vegetal como contra chatarra pestilente.
3.- Es necesario que el Secretario de Comunicaciones y Transportes que impulsa la idea de destruir el Paseo Tollocan deje de ser un Abogado.
4.- Es necesario que se realicen los libramientos norte y sur antes de seguir con la destrucción del Paseo.
5.- Es necesario divulgar los valores paisajísticos, históricos y estéticos del Paseo Tollocan para que la población local lo valore en su justa medida y lo defienda de los agresores de hoy y de mañana.
6.- Se debe reposicionar la escultura ecuestre del General Zapata donde siga dando la bienvenida al viajero flanqueado como antes, por el ejército de sauces llorones.
7.- Se deben retirar las decenas de anuncios espectaculares que el Gobierno del Estado se atrevió a colocar a lo largo de sus camellones e impedir que nadie vuelva a colocarlos.
8.-Es necesario volver a hacer funcionar las fuentes y las ciclopistas, replantar los cuatro kilómetros de pampa grasses y limpiar de basura sus largos y maltratados 10 kilómetros.

jueves, 8 de diciembre de 2016

CALLES MUERTAS

Susana Bianconi               
Publicada en CAMBIO de Estado de México 138# , noviembre 2016
La mezcla es la razón de ser de la ciudad, un lugar de gentes libres e iguales. La ciudad debe ser reductora de las desigualdades. Jordi Borja (arquitecto Catalán)

Ver por la ventana no tiene gracia en un conjunto residencial. No pasa nada, ni nadie. Los vecinos salen en auto y a veces alzan la mano, cuando te reconocen. A pie, solo ves pasar a la enfermera de la anciana de la esquina, al chico que encera carros y al señor que viene a pasear los perros de otro.
Eventualmente entra el camión del gas. Como es grande, es la mayor atracción desde la ventana. Los domingos en alguna casa se ve movimiento de autos ajenos, los invitados se meten pronto y la calle vuelve a la acostumbrada quietud.

Una vez se armó una palomilla de jovencitos a la vuelta. Duró poco; una vecina trajo a la patrulla de policía municipal para desarticularla… no fueran a estar planeando el robo de su casa. Los chicos eran una anomalía para ella, para la guardia de seguridad privada que nos cuida y para la policía que amenazó con llevarse al que anduviera de vago.
Total, mirar para afuera no tiene ahora más entretenimiento que el paso de las nubes. Los vecinos crecemos y envejecemos en cámara lenta, en la quietud de un conjunto de casas vacías, donde no hay heladerías ni cafés ni tlapalerías o verdulerías. De noche la gente regresa y ya no alza la mano, nadie te reconoce en la oscuridad. El súper se descarga desde la cajuela del auto.
La calle sin embargo era la escuela de la vida en sitios que no tenían reja de acceso ni portero controlador. En esas calles se trajinaba, se bajaba del autobús, se compraba de todo, se saludaba de mano, se ayudaba a cruzar, se juntaba en la esquina, se conversaba y se miraba pasar a los demás sin ser considerado vagabundo.
¡Pero hoy hay tantos kilómetros de calles muertas! ¡Si tan sólo las pudiéramos unir con alguna calle viva!, si se valiera quitar las rejas y dejar pasar a los demás, a los que van de paso, a los que vienen a ver los árboles y a tirarse en el pasto del área verde que nadie usa; ¡qué lindo sería mirar entonces por la ventana! Podría quizás ver pasar a niños a pie a la escuela y a sus maestros también como cuando era niña y esperaba en la puerta a que mi hermana mayor regresara de la escuela.
Pero las bardas perimetrales de la exclusiva calle cerrada impiden que se vuelva a la vida. La inmovilidad tiene estatus de segregación social en jaula de oro. Desde la ventana no se alcanza a ver la mirada de nadie más, apenas la mía propia reflejada en el vidrio. Esta calle no es escuela de vida sino de muerte anunciada. La muerte de la sociedad integrada, la que ahora está partida en dos: la de las calles vacías y la de las calles repletas de vida y de carencias.
Las calles cerradas, las conocidas como privadas, nacen muertas y como frutas podridas, pudren la ciudad. Las calles que no van a ningún lado, estorban como un tumor en el cuerpo, como un cáncer en la sociedad urbana. El reglamento de la nueva ley de Asentamientos Humanos deberá acotar el abuso de la segregación espacial y abrir estas calles ya instaladas para disfrute de todos. Que las calles sean espacio público, no privado.
No se trata de anarquía, sino de justicia espacial.


jueves, 17 de noviembre de 2016

CIUDAD Y DIVERSIDAD

CIUDAD Y DIVERSIDAD
Susana Bianconi                              
   Publicado en la revista CAMBIO del Estado de México # 137, octubre 2016

Un promotor inmobiliario se preguntaba por qué la gente común quedaba fuera de sus modernos complejos urbanos, ¿por qué había exclusión en esos relucientes ejemplos de   arquitectura moderna? Daba una charla magistral sobre los usos mixtos en los nuevos complejos donde se levantan hoteles, departamentos, oficinas y centros comerciales. Desde el Aula Magna de la UAEMex hablaba de su visión de negocios urbanos con escala humana. Atinadamente criticaba la necia persistencia de reglamentos que exigen un desmedido número de cajones de estacionamiento, lo que provoca que jamás se reduzca la preeminencia del auto particular en las urbes.
Sus proyectos, sobrios y convencionales no se ven mal. Los está construyendo en varias ciudades de México sobre grandes lotes de antiguas agencias de autos. Sus usos mixtos son enteramente bienvenidos… pero la gente se queda fuera, nos decía. Por sí solos, estos grandes desarrollos inmobiliarios no amalgaman a la sociedad, no hacen ciudad. Hablaba acertadamente de densificar y de peatonalizar.
Y lanzó al aire la pregunta, para la cual, él no tenía respuesta, de cómo hacer para que, desde nuestro ámbito profesional de la arquitectura, la sociedad fuera más homogénea y menos excluyente.
Vino entonces a mi mente la gran manzana donde se yergue el Museo Soumaya, en lo que han dado en llamar El Nuevo Polanco. En ella hay, además del icónico museo, un gran teatro, varios edificios corporativos y tiendas y restaurantes de todo tipo. Uso mixto, aparentemente, pero en ella se percibe esa exclusión social de la que hablaba el ponente. La gente que llega en auto emerge bien vestida y la gente de intendencia, en cambio, está uniformada.
arriba: megacuadra; abajo cuadras normales

Desde mi postura profesional considero que esto se debe al tamaño de ese gran espacio, dado que equivale a nueve manzanas convencionales del Polanco original.  Hay entonces mucha menos área verdaderamente pública en el nuevo Polanco que en el antiguo. Las manzanas del viejo Polanco son cómodas, caminables, se les puede dar la vuelta. La manzana del Nuevo Polanco es inmensa porque fue un lote industrial. ¿Cuál tiene mayor mezcla de gentes y más vida sana? Pues las nueve cuadras pequeñas porque hay muchas más calles y con ellas mucho más largo es el perímetro entre lo público y lo privado, que es el que da vida a las ciudades.
Mientras, la autoridad les pide a los desarrolladores que construyan obra vial, puentes elevados o deprimidos y vías rápidas para mitigar el impacto de estos complejos. Y no va por ahí la solución urbana, no se trata de seguir haciéndole agujeros al cinturón en lugar de adelgazar, sino de pedirle al inversor que abra calles sencillas que penetren esos grandes lotes, calles para tráfico ligero y para transporte público urbano, por su puesto, tranvías si fuera posible. Pasa por dejar de lado el automóvil para subirse a la bici; no pasa por hacer salir a la gente de la ciudad por una vía rápida, sino de que la gente se quede en la ciudad, viva y trabaje en ella y la disfrute a ras del suelo.
Este caballero del podio pedía educadamente que la autoridad le exigiera a él lo que el dueño del complejo no está dispuesto a dar: espacio público. Porque si bien sus diseños tienen amenidades peatonales como las del Nuevo Polanco, ellas son diseñadas sobre el espacio privado del cliente. Y una ciudad viva debe tener contactos continuos entre lo público y lo privado, es decir, debe tener banquetas y plazas bien trazadas y cuadras chicas, cuanto más pequeñas, más vida tendrá la ciudad, habrá más área pública donde sociabilizar y mezclar las clases sociales gracias a los negocios privados con frente a esas calles.
Al autorizar la construcción de mega-manzanas sin escala humana, la autoridad y los desarrolladores pierden de vista que matan a la gallina de los huevos de oro, porque sus nuevos espacios sólo son adquiridos por los pocos que siguen usando el auto como símbolo de estatus (aunque sufran escondidos dentro de ellos). Así dejan fuera a la gente que piensa que caminar es parte del quehacer cotidiano, con derecho a vivir y a trabajar en el mismo lugar, esa nueva generación diversa y divertida que viene con todo.


domingo, 6 de noviembre de 2016

EL BOLETO DE MI MADRE

El boleto de mi madre
Publicado en clubdeescritura.com Fuentetaja. Septiembre 2016

Ofendida y temblando de incertidumbre mi mamá me baja del vagón. El Guarda le ha dicho que el carnet de médico del personal ferroviario de mi papá no la exime de pagar su boleto ni el mío tampoco. De ida, el carnet había servido…Tengo unos cuatro años y el viento de la pampa nos desampara. El tren puede echarse a andar sin nosotras que hemos dejado de ser la esposa y la hija del Doctor. ¿Cómo ha podido ocurrir esta degradación?

Entre ripio y durmientes, los zapatos de tacos altos de mamá sufren para alcanzar la boletería de una estación vacía. Habíamos ido de compras a Junín o a Chacabuco quizás. Sin posición social, estábamos a merced de la picardía del Guarda que nos miraba complacido desde en los escalones del vagón. Su grito de ¡Váaamonos! hubiera podido dejarnos ahí toda la noche hasta el siguiente tren de la mañana. La señora del Doctor y su hijita comprando un boleto en medio de un atardecer en el campo, a la vera de las vías. ¡Cuánta vergüenza! Mi madre tiembla como una hoja y es tanta su humillación que sufro por ella. Su angustia es desproporcionada porque la ve a través del cristal de su posición social disminuida.

Sus zapatos de cabritilla sortean los rieles de regreso al tren y ahí acaba mi recuerdo. Lo demás debió ser rutinario.
foto: portal "Pueblos Buenos Aires"

Hoy con 91 años encima, mamá se vuelve a poner nerviosa, porque no conoce el desenlace de su último viaje. Lleva un año comprando el boleto y se niega a volver al tren. Busca excusas, recuerdos y preguntas absurdas. Su cobardía la tiene al pie del pescante y no da el último paso. Yo la miro impotente como cuando tenía cuatro años y soy de nuevo ese testigo incapaz de ayudarla a soltar sus miedos, aferrados a su condición de señora del Doctor.