martes, 8 de mayo de 2012
Toluca
jueves, 5 de abril de 2012
Señalizaciones Viales
Revista CAMBIO del Estado de México, marzo 2012
Preventivos Restrictivos Informativos Destinos Turísticos Peligro
Los señalamientos viales son necesarios, impresindibles y deben ser observados. Lo curioso es que en el Estado de México los señalamientos viales más grandotes son intrasendentes, rayan en la propaganda oficial y distraen al conductor a cambio de nada.
Si no fueran antiestéticos y costosos serían al menos cómicos: recuerdo uno que estaba en el Paseo Tollocan, de lucesitas rojas que iban pasando y que decían algo así como que tus hijos te estaban esperando… para cuando terminabas de leer el conmovedor mensaje de los hijos ya te habías incrustado contra el de adelante que estaba leyendo la misma historia.
Las convenciones de colores tienen también su razón de ser y siguen mas o menos la misma lógica de los colores de los semáforos: los verdes muestran destinos, los amarillos son preventivos y los rojos señalan peligro. Los azules suelen ser mudos, sin letras impresas porque son turísticos, internacionales y consecuentemente un glifo sustituye al texto. Los blancos dan información como kilometraje y número de carretera.
Ahora bien, ¿dónde caben los letreros siguientes que miro al pasar todos los días y que distantes uno de otro escasos 200 metros dan información diferente, equívoca e intrascendente?
Resulta que la Avenida Tecnológico que sufrió la tala de muchos magníficos sauces para ser ensanchada (a falta de prolongar vialidades paralelas) ahora, feúcha y decaída debe soportar encima estos fatuos carteles anodinos que sólo agreden el sitio, estorban la visual y ensucian el paisaje urbano. El verde y blanco lleva el logo del gobierno en turno, el rojo lleva el logo del gobierno anterior. Imagino que el herrero que los produce ya estará diseñando el siguiente modelito del próximo sexenio.
Cuando cargamos gasolina cara, cuando pagamos impuestos, asumimos que el Estado sabe qué hacer con nuestro dinero. Está obligado a brindar servicios como el mantenimiento de las carreteras porque sin comunicaciones no hay país que valga. Lo que ofende, es que gasten ese dinero en restregarnos en la cara que están haciendo el trabajo que tienen que hacer. A ver ¿quién va por la vida poniendo cartelitos para que los demás sepan que estás trabajando? Trabajas y ya. Das mantenimiento y ya. Alumbras la calle y ya.
Y por favor señores del gobierno en turno, absténganse de presumir sus obviedades en costosos carteles en la vía pública.
viernes, 24 de febrero de 2012
RECTORÍA

CONSERVACIÓN DE UN SÍMBOLO
Publicado en CAMBIO 81, Estado de México, febrero 2012
Mientras el antiguo inmueble de la Real y Pontificia Universidad de México construido en 1584 fue demolido en 1910, el edificio del Instituto Científico y Literario que se remonta al abandonado beaterio de 1836, se conserva aún en el centro de la ciudad de Toluca.
Nuestro edificio de Rectoría, como todos lo conocemos, tiene una apariencia homogénea aunque fue construido por partes. La etapa más importante y que le dio su elegante fachada hacia el norte es de 1883 y estuvo a cargo del arquitecto José Luis Collazo, seguida de la obra de los torreones en 1887 a cargo del ingeniero Camacho. El vestíbulo es de 1898 y el aula magna de 1905 según datos del libro “Beaterio de Toluca” del profesor Don Inocente Peñaloza, cronista de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Posteriormente el diseño rítmico de ventanas y pilastras clásicas de la fachada norte fue reproducido durante el s XX a lo largo de avenida Juárez, de Gómez Farías y de Rayón y así, mientras por fuera el edificio adquiría unidad, por dentro su entrepiso de vigas de madera era sustituido en tramos irregulares por losas de concreto y de acero para dar cabida a cuatro niveles de oficinas de techos bajos donde originalmente hubo sólo dos elegantes niveles.
Hoy el noble inmueble ha sido restaurado esencialmente en los vestíbulos y a lo largo de la fachada norte con sus dos torreones originales, donde después de desprender las capas de pintura de las superficies, se procedió a aplanar con tierra, cal y baba de nopal. La nueva paleta cromática es una gama sobria que respeta su carácter academicista. Esta intervención en el inmueble histórico me fue encomendada por Rector Eduardo Gasca Pliego en octubre de 2011 y quedan aún pendientes de restaurar los dos grandes patios: el más antiguo conocido como de Los Naranjos de 1851 y el patio poniente, de la década de 1890.
Fue necesario consolidar el muro bajo del torreón cercano al Monumento al Maestro así como desprender las películas de las muchas capas de pintura que impedían respirar a los muros y fue durante estos trabajos que aparecieron curiosas marcas negras entre las capas de pintura gris que alguna vez tuvo el inmueble. Resultaron ser pintas que los estudiantes de los años 70 hicieron en un período de huelgas y disturbios. En esos años las paredes de Rectoría sirvieron a los jóvenes de entonces como el portal del Facebook sirve hoy a los jóvenes contemporáneos.
La pérdida que sufrió la UNAM en 1910 no tiene justificación ante nuestros ojos ni ante la historia de la Ciudad de México ya que una vez consumada la demolición del edificio de la Universidad en la calle de Corregidora, se estableció en el predio un estacionamiento con baños públicos. Por el contrario hoy en Toluca, el inmueble neoclásico de la Rectoría es símbolo de una universidad viva, competitiva y orgullosa de su patrimonio bien mantenido.
viernes, 27 de enero de 2012
Fierros Viejos

Publicado en Revista Cambio del ñEstado de México, enero 2012
Las carreteras del Estado de México se caracterizan por ser un depósito de objetos de mal gusto. Construidas por inversionistas educados en la estética del desierto electrificado de Las Vegas, los carteles espectaculares crecen a la vera de las cintas asfálticas mientras los árboles desaparecen.
Nuestras carreteras no sirven para comunicar sino para enriquecer a unos vivos que aprendieron a hacer guarniciones donde no se necesitan y donde pueden ocasionar accidentes, encharcamientos y barreras insalvables. Construidas adrede para gastar libertinamente el costoso concreto armado, las absurdas guarniciones amarillas al ser intransitables a pie, justifican la creación de puentes peatonales no menos peligrosos y antiestéticos. El negocio, que nos empobrece urbanísticamente a todos, se llama PPS; es decir Pago Por Servicio. Triste servicio.
Los contratistas son astutos y ganan dinero, pero la Junta de Caminos que debe normar a estos lobos, los deja hacer de las suyas. Por ejemplo, a pesar de la expresa prohibición de fijar carteles comerciales en la vía pública, la Junta deja hacer unos puentes peatonales coronados por carteles espectaculares y los ofrece al mejor postor con amplios anuncios en color rojo (sirva recordar que el rojo es color de alerta en las autopistas y el anuncio en rojo agrede entonces la tranquilidad de los choferes). Pero peor aún, resulta que para que el ilegal anuncio rojo se vea desde lejos, se ha procedido a talar las copas de los árboles de los camellones. Así sucede en vialidad Alfredo de Maso, de por sí la más fea de las entradas a la ciudad de Toluca (donde uno debe meterse a un túnel para que pasen encima… no los transeúntes sino ¡las torres de alta tensión!) y ahora sus maltrechos camellones sufren la tala anónima y clandestina de sus truenos para que alguien se anuncie en la vía pública a pesar de los pesares.
¿Dónde está el piloto del espacio público? ¿Qué instancia vela por el cuidado de la vegetación en las calles de la ciudad? Además de Las Vegas, hay otras ciudades donde empresarios y funcionarios pueden ir a aprender las bondades de la abstinencia de los chocantes carteles. El mundo es ancho y sino las fotos históricas pueden también servir como ideal a seguir, ya que antes de la industrialización Toluca fue bella, limpia, bien arbolada y digna.
El gobierno del Estado debe poner el buen ejemplo y retirar sus carteles promocionales del Paseo Tollocan y del saturado acceso de la México-Querétaro y destinar esos fierros viejos, esas toneladas de acero malgastado, a mejorar escuelas periurbanas, a construir tanques de agua elevados, a hacer paradores de autobuses, o a venderlo por peso y recuperar recursos. La limpieza visual de la ciudad y su seguridad vial le quedarán agradecidas.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Pobreza urbana

publicado en CAMBIO del Estado de México 78, Nov. 2011
Por tercera vez en el día me limpiaban el auto en un semáforo. Se acercó en esta ocasión un joven con una playera blanca, sucia en el borde inferior, donde con frenesí sacudía su negro mechudo. Le hice señas de que no quería sus servicios. No hubo caso, con aplicación y energía inauditas para alguien que lleva horas bajo el sol respirando el humo de los carros, se dio a la tarea de repasar su mechudo sobre mi auto, es decir, sobre mi caparazón de clase media que me distancia del mundo real y que es mi concha protectora en el crucero de la realidad.
Tomé una moneda, bajé el vidrio y se la entregué al muchacho dándole las gracias. Me vio a los ojos y me regaló una sonrisa hermosa, buena. Y quise llorar. Permanecí otro rato detenida unos metros adelante y pude observar con profunda tristeza cuántos otros hombres deambulaban entre los vehículos, cada uno de ellos ofreciendo mercancía inútil, inverosímil, cosas de plástico absurdas, como absurda se le vuelve la vida a quien no tiene empleo fijo, ni prestaciones sociales, ni techo ni sanitarios en la jornada.
¿Quién diablos los lanzó a la calle? ¿Y el DIF y la SEP? ¿Y yo? ¿Me toca a mí ver por ellos o hay políticas públicas que ven por ellos? Las dádivas oficiales no los enseñan a pescar, al contrario, alientan con becas los embarazos de las adolescentes, reproducen la pobreza más rápido que el trabajo. Y estamos endeudados los mexiquenses y los mexicanos y debemos seguir esperando en los semáforos porque no tenemos transporte público y debemos dar monedas a los de abajo, a los olvidados, porque fueron traídos al mundo sin la torta bajo el brazo.
¿Hasta cuándo? ¿Hasta que los recluten las bandas asesinas como ha ocurrido en Monterrey? ¿O hasta que la clase política los mire a los ojos y los vea? Pero desde los helicópteros no se ven los ojos, ni los semáforos ni los buses cafres ni las chácharas de plástico ni las adolescentes embarazadas. O hasta que la clase media meta al Seguro Social a sus domésticas para descubrir que por un año no tendrán derecho a ser atendidas por enfermedades crónicas ni por partos y que no podrán jubilarse más que con la pensión mínima sin haber cotizado en el INFONAVIT.
Algo huele mal, muy mal en esta sociedad que no ve la mirada ajena por fuera del vidrio del auto, y que se anestesia contra la tragedia cotidiana de la masa creciente de pobres, la que nos rodea en los cruceros y nos ofrece lo que no necesitamos a cambio de una moneda, una forma de distribución de la riqueza que ofende la dignidad y siembra encono. ¿De quién es el negocio de acrecentar la pobreza?
viernes, 4 de noviembre de 2011
Prepa 5

Escrito para el libro digital “40 Aniversario de la FAD, UAEM”. 2004
El vocabulario clásico puede ser un sedante para una urbe en crecimiento anárquico. Los habitantes de Toluca, otrora “Toluca la Bella”, valoran las formas del clasicismo que conocieron a través de los numerosos edificios que diseñara en el siglo XIX Ramón Rodríguez Arangoity. A pesar del escaso legado arquitectónico de la Colonia, Toluca se familiarizó con las proporciones elegantes clásicas en su época de esplendor, la del gobierno del general José Vicente Villada, durante el Porfiriato. Conoció entonces una armonía urbana que daba civilidad a sus habitantes, los que hoy añoran esa dulce patria chica.
Toluca
Las administraciones de los años 60 y 70 se empeñaron en demoler piedra a piedra y adobe a adobe cada uno de estos acordes de la sinfonía que sonaba a pianola y a organillo. Junto con los tranvías se fueron los empedrados y los callejones. Los frentes de largas cuadras fueron demolidos para ensanchar las calles para que pudieran circular los autobuses. En lugar de fachadas de acompasadas ventanas y balcones, surgieron chaparras cortinas metálicas, los fierros forjados de los barandales fueron a dar a la basura y aparecieron en su lugar perfiles tubulares que oxidaron los mal acabados muros.
Toda esta tristeza se extendió hacia la periferia. Conforme la ciudad creció, lo hizo copiando la embrutecida imagen de la ciudad vuelta changarro. Paredes escritas con todo tipo de letreros, inconclusos cuartos coronados de varillas y angostísimas banquetas salpicadas de todo tipo de postes se fueron alargando hasta los confines del municipio que linda con Metepec.
El Portal clásico
En una esquina cualquiera de la interminable calle que une Toluca con San Felipe Tlalmimilolpan, se encuentra la Preparatoria No 5 de la Universidad Autónoma del Estado de México. Las instalaciones se componen de tiras de aulas alineadas en paralelo que se dan la espalda unas a otras; de un estacionamiento al frente por donde es obligado el acceso y por una barda perimetral malhecha y coronada por malla. Enfrente, y a cada lado, un paisaje infra-urbano con semáforos y perros callejeros. Los estudiantes entrando y saliendo por la puerta de los autos parecen condenados a ser tratados como máquinas.
Cuando la administración central de la Universidad me solicita el diseño de un acceso nuevo para este sitio, no dudo un momento: se trata de una obra que trasciende el ámbito escolar para impactar el ámbito urbano y me decido por el vocabulario del clasicismo más puro, el del pasado perdido.
Inspiraciones
Ir al origen de las universidades nos lleva a Bologna, a la época protorrenacentista, nos conduce al espíritu latino que da origen al término Universitas. Vitrubio, entonces, es el maestro obligado que muestra el camino y Palladio, su noble alumno. Haremos entrar a los estudiantes por una puerta tan digna como la tradición cultural greco-latina y ellos mismos se merecen.
Haremos una pequeña piazza en el vértice de la esquina para compartir con la ciudad el privilegio de ser universitarios, le daremos presencia y dignidad a un crucero mezquino y traeremos al presente lo mejor de la antigua civitas, ésa que se perdió entre los topes, los puestos ambulantes, las sirenas de ambulancias y las bolsas y botellas de plástico que ensucian la calle.
Así, al frente, la puerta de 4 metros de altura reduce su ancho conforme se eleva, siguiendo el buen juicio de Vitruvio. Por dentro se alzan 4 columnas toscanas que se reducen a partir de un tercio de su altura según lo recomienda Andrea Palladio. Los espacios entre cada una son de una vez y media el de su diámetro. El pórtico es pequeño pero alto, desde él se accede a la conserjería, y de frente, al grueso de los salones y áreas administrativas. Escalones curvos elevan el acceso que se yergue simétrico por sobre las irregularidades del terreno.
Los materiales usados son el tabique oscuro, aparente, usado a tizón y la piedra conocida como “blanca Alaska” pero proveniente de Pachuca. El contraste es clásico también y recuerda la interpretación clásica que hace Jefferson en Monticelo. En el piso se colocó piedra laja irregular y en los escalones cantera rosa. Los faroles se diseñaron con sencillez usando esferas translúcidas. En resumen, la obra tiene dos fachadas, la que da a la calle y la interior que se aprecia desde los edificios de la escuela.
La eterna contemporaneidad
El vocabulario clásico del que hablábamos al principio ha comenzado por obtener el respeto de los vecinos, quienes se esfuerzan ahora por seguir mejorando los alrededores, conscientes de que tienen un buen punto de referencia. La gran virtud del clasicismo bien proporcionado es que es atemporal, tan antiguo como las grandes piedras filosofales sobre las que
se cimenta nuestra civilización occidental y tan contemporáneo como las ideas de dignidad humana que alimentan la sociedad justa a la que aspiramos. Además sabe envejecer, adquiere encanto con los años, no pasa de moda, no caduca jamás.
jueves, 3 de noviembre de 2011
MALINALCO
Susana Bianconi y Andrés Galindo
Publicado en la Revista CAMBIO 78 del Estado de México. Octubre 2011
Malinalco ya es Pueblo Mágico. Ha sido incluido en la lista de pueblos mexicanos dignos de ser preservados por su originalidad y belleza. Su centro histórico es prodigioso, su enclave es espectacular pero su arquitectura reciente es un bodrio.
El encanto de las cuadras centrales de Malinalco se hace añicos contra las nuevas bardas de block y las marquesinas de losas de concreto.
Mea culpa. Las facultades de arquitectura no enseñan a construir en adobe y ni en piedra. La academia se ha alejado de las raíces intemporales de la arquitectura vernácula. Se habla de ella como de cosa del pasado, como de piezas de museo. Son los arquitectos paisajistas los que conservan viva la tradición, véase sino el acceso al Club de Golf Malinalco, donde las bardas de tecorral se alzan entre magueyes y se coronan con bugambilias. El tecorral es una técnica sencilla de acomodar las piedras sin mezcla, usada en el campo y revalorizada en este acceso que le ha valido a su autor, el arquitecto Mario Schjetnan, un premio internacional.
Pero hay pereza o vergüenza por hacer adobes, hay menosprecio por la tierra y por sus gruesos muros, hay un rechazo por lo tradicional entre la gente que ve televisión y que sucumbe ante los anuncios de la industria del cemento. La arquitectura de tierra no es negocio para los industriales y por eso no se anuncia. La arquitectura de tierra es gratis, no contaminante, las juntas se hacen con lodo y el lodo no se vende en bolsas de plástico, el lodo es la tierra misma.
Los reglamentos de imagen urbana de los centros de población valiosos como Malinalco no imponen el uso del adobe en las nuevas construcciones. Las licencias de construcción podrían condicionarse al uso de este material y a la piedra (cal y canto) bien cortada, para garantizar la estética de las formas que natural y estructuralmente manan de esos materiales. Una cláusula tan sencilla y definitiva garantizaría que no aparecieran formas contrahechas como las de los dizque arcos de acceso a Malinalco, fruto de una tecnología de concreto armado de pésimas proporciones.
El arquitecto Jorge Calvillo tiene su despacho en una elegante casita de adobe en Malinalco y su visión sensata y respetuosa del sitio debería ser emulada por los vecinos. Su talento debe ser tomado en cuenta también por la autoridad local, ésa que ha hecho el esfuerzo por poner en alto el nombre de Malinalco al inscribirlo como Pueblo Mágico y que al mismo tiempo ve sin horrorizarse cómo la dignidad de su arquitectura merma cotidianamente ante la proliferación de losas planas, de tinacos negros y de aplanados grises.
Cuestión de respeto al presente y no sólo al pasado.
